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sábado, 12 de diciembre de 2015

¡Deja el móvil y cuida a tu hijo!

¿Alguien ha "padecido" esta frase alguna vez?
Yo sí.
Y es que resulta que soy una mujer muy ocupada. Además de ser madre de un bebé de 20 meses que es un torbellino, también trabajo, me encargo de la compra, de llevar mi casa con todo lo que ello conlleva (poner lavadoras, tender, recoger, fregar platos, hacer cenas, desayunos, bañar al peque, cambiarle los pañales, vestirlo, desvestirlo, dormilo, jugar con él, ducharnos juntos, ir al baño (también juntos), lavarnos los dientes), en fin, una larga lista de tareas, que muchas de vosotras repetís igual que yo diariamente. Y esto no es una queja. Es una descripción de la realidad.
Pero resulta que hay personas que no entienden o no se creen que realmente esté tan ocupada, y te sueltan lindezas del tipo "No tienes tiempo para nada, pero sí para colgar una foto en Instagram".
Pues mira, resulta que tengo tiempo para eso, que apenas me lleva unos segundos, igual que tengo tiempo para todo lo demás. Pero claro, lo demás se entiende como obligación y hay quien se cree que no somos merecedoras de un poco de tiempo de "ocio".
Si mi hijo, que no para quieto, como corresponde a un niño de su edad, comete alguna "trastada", la reprimenda o la falta de ella dependerá claramente de lo que yo esté haciendo en ese preciso instante. Que rompe algo mientras yo estoy cocinando, fregando platos, barriendo, tendiendo.... "Ay que ver este niño qué travieso".
Pero si lo hace justo en los diez segundo que estoy mirando mi móvil leyendo un mensaje de Whatsapp, Ah! Entonces tienes que escuchar "Si no estuvieras mirando el móvil tu hijo no destrozaría las cosas!".
Las licencias solo se conceden si estás atendiendo a tus obligaciones. Para lo demás, no hay tregua.
Decidme que no soy la única que alguna vez ha tenido que escuchar frases como éstas.
A mí me sacan de mis casillas. ¿Y a vosotras?


jueves, 4 de junio de 2015

La mejor madre del mundo

Seguro que os sonará de algo este título por un conocido libro, pero este post no es para hablaros de literatura, ni tampoco voy a hablar de mí. Voy a hablar de mi madre, para mí, la mejor madre y abuela del mundo.
Hace casi 14 meses cuando yo me estrené como madre y empecé a sentir y a vivir lo que significaba esta nueva identidad, también pude valorar con mayor conocimiento el trabajo que mi madre ha hecho durante la mayor parte de su vida: ayudar en la crianza de sus hermanos menores y sus sobrinas, criar a tres hijos con poca diferencia de edad (mi hermano y yo nos llevamos un año y veinte días, y a mi hermano pequeño le llevo dos años) y tener un papel importante en la crinza de su nieta de 7 años y ahora con su nieto más reciente, mi niño de un año.
Es cuando una misma es madre cuando puede valorar con mayor consciencia y justicia el trabajo y la labor del resto de madres, y, sobre todo, el de la propia. Ella es, sin ningún lugar a dudas, el pilar y el motor de nuestra casa. Ella es el hogar.
Una de las cosas que más valoro es su respeto hacia mi estilo de crianza. Así como otras personas de mi entorno se lanzan a opinar sobre cómo crío o educo a Daniel, sobre cómo lo alimento, sobre el colecho, etc. Ella nunca lo hace. Ella observa y respeta mis decisiones. No me dice si esto está bien o mal, o que deje de hacer algo para hacerlo de otra forma. Ella está ahí. Para mí, es mi mejor apoyo y la persona en la que confío al cien por cien, porque, consciente o inconscientemente, ella es una abuela que cría con apego.
Son muchas las cosas que mi madre ha hecho por mí y conmigo durante mis cuarenta años de existencia. Pero, para no alargarme mucho, mencionaré una de las más recientes: cuando enfermé por preeclampsia en la semana 33 de embarazo y me ingresaron de urgencia, ella cogió un AVE y se plantó en Málaga (desde Manresa) al día siguiente. Se quedó con nosotros los días que estuve ingresada previos al parto y los posteriores (en total fueron 13 días). Gracias a ella, que se recorrió calles y tiendas de Málaga sin apenas conocer la ciudad, mi niño tuvo bodies de talla 0 para prematuros, pijamas, ropita, sábanas... Hasta acompañó a mi marido en la compra del cochecito. Se encargó de la comida y de ordenar la casa, y tras el alta, siguió cuidándonos a los dos, perdiendo muchas horas de sueño,


pero disfrutando de su nieto a cada instante (tengo que decir que yo no me atrevía a bañar a Daniel, me daba miedo hacerle daño, lo veía tan pequeño, delgado, frágil,... y ella fue la encargada de bañarlo durante el tiempo que estuvo con nosotros).

Como me vió tan afectada por todo lo que supuso mi parto, mi enfermedad, el verme sobrepasada por las circunstancias y con un bebé prematuro, siguió con nosotros varias semanas más. En total fueron ocho semanas las que estuvo fuera de su casa, sacrificando su trabajo (mi madre, como autónoma, si no trabaja no cobra) y dejando su casa en Manresa durante dos meses. 
Ahora, un año después, me he trasladado a vivir a Manresa de nuevo, mi ciudad natal, por varios motivos. Y a pesar de que no estamos viviendo en casa los mejores momentos de nuestras vidas, mi madre sigue ahí, luchando cada día como una jabata, y tirando del carro aunque esté agotada. 
Para mí, mi madre es la mejor madre y abuela del mundo. Y me gusta pensar que para el resto de hijos/as, sus madres son las mejores del mundo. Nuestra madre es la que nos ha tocado o la que hemos elegido. En cualquier caso, es la persona que mejor nos cuidará y nos respetará.
Por eso, yo siempre le estaré agradecida, ¡qué menos! Por mí y por mi hijo, que estuvo y está muy bien atendido, cuidado, y mimado. Por eso intento darle muestras de cariño a diario: me gusta besarla, acariciale el pelo o echarle el brazo por encima del hombro mientras caminamos por la calle. Es orgullo de hija. 
A lo mejor os preguntáis a qué viene este post en junio, cuando podría haber aprovechado el día de la madre para hacerle un homenaje, ¿verdad? 
Buenos, pues es que hoy es un día muy especial, porque hoy mi madre cumple 62 años. Y se merece esto y más.
Desde aquí: ¡Feliz cumpleaños!
Te quiero mucho mama. Te queremos mucho yaya.
Mil besos.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Una mamá sin mala leche

Antecedentes de hecho (y de paso declaración de principios):

  

Obviamente soy mamá (primeriza). Daniel, que ahora tiene cinco meses, nació por parto inducido que terminó en cesárea de urgencia en la semana 34 de gestación. Al ser un bebé prematuro tuvo algunas dificultades para mamar directamente de la teta, así que su lactancia es mixta: principalmente toma leche de fórmula que complemento con leche materna en diferido, o sea, me extraigo la leche con un sacaleches y posteriormente se la doy en biberón (¡un lío, vaya!).
 
 
Tengo buena leche: lo sé porque a mi bebé le encanta y además le aporta defensas y anticuerpos que no tiene la leche de fórmula. Por eso llevo todos estos meses realizando este esfuerzo extra (pues sí, estoy orgullosa de mí misma, nada de falsa modestia). Por cierto, ¿habréis probado la leche materna, verdad? Jo, la mía está buenísima, no me extraña que el peque arrugue los morritos cuando se le termina el bibi y le arreo el de fórmula, nota el cambio, fijo. Otra cosa distinta es que yo gaste mala uva de vez en cuando, que tengo un pronto de esos de “¡huye, qué como te pille verás!”.
 
 
Mujeres que, como yo, hayan sido mamá alrededor de los cuarenta, hay muchas; que hayan tenido un parto provocado y/o por cesárea, millones; que sus bebés hayan sido prematuros, incontables; que alimenten a sus bebés con lactancia mixta, otras tantas; que den leche materna en diferido, las que se van a trabajar y quieren continuar con la lactancia materna, por ejemplo; que hayan padecido preeclampsia en el embarazo, solo conozco a tres (y yo soy una de ellas). Mamás a las que les pase o les haya pasado todo esto junto y a la vez, solo conozco a una (¡lo tengo todo, papi!). Pero como dice mi pareja: “no te creas que eres tan única y exclusiva, seguro que hay más como tú”.
 
 
Me tengo por una persona optimista, alegre y a la que le gusta reírse de sí misma. De ahí que, habiendo pasado los primeros meses más complicados en la crianza, ahora empiezo a estar más relajada (emocional y psicológicamente) y me apetece contarlo aquí, aplicando ironía y buen humor, a ver si así se me quita esta cara de agria que se me había puesto después de dar a luz, y empiezo a parecer una mamá feliz.
 
 
En la red hay muchos blogs y webs que hablan sobre la maternidad en todos sus aspectos (y dicho sea de paso, soy seguidora de algunos de ellos que me parecen muy interesantes y útiles), y seguramente el mío sea uno más de tantos. Mi idea aquí no es solamente explicar mi experiencia como madre (no hay nada más aburrido que la vida de otro), sino ir un poco más allá. Obviamente me basaré en mis propias vivencias, contaré lo que me ha sucedido y cómo voy viviendo el día a día sobre mi maternidad, mis anécdotas, mis dudas, mis inquietudes y anhelos, mis frustraciones, mis alegrías; pero mi objetivo es compartirlo para que otras mujeres y/o mamás que hayan pasado por situaciones parecidas a la mía puedan encontrar un sitio donde reconocerse, donde contarlo, donde aportar su opinión, donde no van a ser juzgadas, donde nos podremos reír de nosotras mismas y hacernos compañía. Será como crear una tribu virtual.
 
 
Además también quiero compartir mis conocimientos sobre Numerología Tántrica, por lo qué iré colgando posts y tips que os pueden ser útiles para entenderos a vosotras mismas y a vuestros hijos.
Así que no me dejéis sola en esto. Aflorad de allá donde estéis, presentaos, manifestaos, ¡venid a mí! Aquí os espero. Dejad vuestros comentarios. Única condición imprescindible: echarle buen humor.




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