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lunes, 17 de octubre de 2016

No llores aunque te duela

La otra tarde viví una situación en mi barrio a la que llevo dándole vueltas varios días. Me he decidido a escribirla y compartirla con vosotros/as para conocer vuestra opinión y saber a cuántos os ha pasado o habéis vividos algo similar.
Estaba en la calle, sentada en un escalón de la escalera en una plaza, con mi niño, que jugaba con un grupo de amigos, cuando apareció una madre dande gritos: ¡Oyeeee! ¡Vamos!! Me sobresalté del susto porque no la había visto venir, me sonrió al darse cuenta y me dijo "Vengo a por mis hijos y tengo el coche mal aparcado en doble fila", y siguió gritando y metiendo prisa a sus niños para que corriesen tras ella. Iba muy acelerada.
El caso es que el niño mayor bajó las escaleras y se fue junto a ella, pero la niña, de unos 5 añitos más o menos, se quedó más rezagada. Mis ojos se fueron hacia sus pies, me llamó la atención que, aunque hacía frío, iba con sandalias. Y nada más bajar el primer escalón se torció un pie y se avalanzó sobre mí. La paré con mi mano pero no pude evitar que se clavara de rodillas.
La ayudé a levantarse y cuando miré hacia su madre ésta estaba a unos 30 metros. Seguía corriendo, de espaldas a nosotras, junto a su hijo mayor. La llamé: "¡Perdona, que te dejas a la niña!!"
Acompañé a la niñita hasta la mitad de plaza donde nos encontramos con su madre. Le dije que se había caído en las escaleras. La pequeña sollozaba. Se agachó, le cogió la cara y le dijo 
"No tienes que ponerte así. No tienes que llorar aunque te duela".
En ese momento, sentí una tremenda pena por esa niña. Sólo se me ocurrió ponerle mi mano sobre la cabeza un segundo. Me volví y me fui sin decir nada.


Tengo un conocido, que un dio me dijo que él nunca lloraba. No recordaba la última vez que había llorado, debió de ser de niño, y superaba ya los 40. No lloró ni cuando murieron sus padres. 
Yo no lo veo normal. Pero si tenemos en cuenta que cuando era pequeño, si lloraba por algo, su madre lo amenazaba para que dejase de llorar, no es de extrañar.
Hay familias en las que no se permiten mostrar ciertas emociones. Las que se consideran (no sé bien con qué criterio) negativas o mal vistas por otros. De ahí que esté tan extendido entre los adultos el decirle a los niños o bebés "No llores". 

¿A cuántos de vosotros os han "prohibido" llorar aunque sintieseis dolor?
¿Por qué se empeñan los adultos en ocultar las emociones "negativas"?

Abrazos.

jueves, 7 de abril de 2016

Daniel cumple dos años

Hoy Daniel cumple dos años.
Quienes me conocéis o me seguís desde el principio sabéis las circunstancias en las que vino al mundo. No fue fácil. Para quienes hace poco que estáis por aquí podéis conocer más sobre nuestra historia en la categoría embarazo y crianza.

Hoy quiero compartir con vosotros este vídeo de tres minutos en el que podéis ver un resumen de estos dos años juntos.

Quiero aprovechar esta entrada para agradeceros a todos vuestro apoyo tanto en las RRSS como personalmente. Gracias a mis padres y a mis hermanos por ayudarme a hacer "tribu". Gracias a la tata Leire por el amor que nos regala a diario a mí y a Daniel. Gracias amigos y demás familia por acompañarme, en especial a mi amiga del alma María Dolores. Gracias Míriam Tirado (el que fas és maravellós).
Y, sobre todo, gracias a mi niño por iluminarme la vida, por enseñarme a ser mamá y por tenerme paciencia. T'estimo molt Daniel. M'encanta com ets, divertit, vital, carinyós, musical i una mica pallasset com jo.
Feliz cumpleaños!

Besos.

domingo, 13 de marzo de 2016

¿Perdido en el parque?

Con esta entrada dominguera rompo mi sequía bloguera para contaros una situación que hemos vivido hoy.
Aprovechando el buen tiempo de esta mañana mi madre, mi niño y yo nos hemos ido a pasar un rato al Parc de l'Agulla. Para quienes no conocéis Manresa, se trate de un enorme parque con un lago reserva de agua rodeado de césped y árboles y con un parque infantil renovado hace pocos meses con gran variedad de columpios, toboganes y demás instalaciones de madera aptas para niños de diversas edades. Los peques disfrutan mucho. El mío ha terminado rebozado en arena y se lo ha pasado pipa. Ha jugado a la pelota, con cubos y palas en la arena...En fin, un espacio ideal para que los más pequeños lo pasen muy bien.
En esas estábamos cuando de repente aparece un niño de la edad del mío, unos dos años, preguntando por su papá.
"¿No encuentras a tu papá?" Le hemos preguntado otra mamá y yo que estábamos allí.
Enseguida el niño se ha dado la vuelta y señalando con su dedito a la vez que sonreía ha dicho "papá". "Ah, qué bien, ya lo has encontrado!"
Pero, inmediatamente los papás del peque han vuelto a "desaparecer", momento en el que el niño ha vuelto a preguntar angustiado por su papá. Mi madre, que estaba viendo al peque sufriendo, se ha acercado para intentar ayudarlo a buscar a sus papás, cuando de repente aparece el padre a sus espaldas diciendo "yo soy su padre". Hasta aquí parece medio normal, verdad?
Pues ahora llega lo sorprendente. La madre del niño ha mirado a mi madre despectivamente diciendo " y ésta ¿de qué va?" Mi madre atónita, y educada, le ha dicho que la perdonase, que sólo quería ayudar al niño que estaba perdido. A lo que el papá ha contestado "Lo hacemos a propósito para ver si nos encuentra"
Nos pinchan y no nos sale sangre.
A parte de la poca educación que ha mostrado esa mamá dirigiéndose a mi madre en esas formas y no agradeciendo que mi madre, una abuela, intentase calmar a su hijo perdido, lo que no me cabe en la cabeza es qué beneficio puede tener para su hijo sentirse perdido o abandonado por sus padres, ¿por qué le generan esa angustia gratuita? ¿Qué clase de estrategia es esa? ¿Qué pretenden conseguir?
En serio, no voy a juzgar cómo deciden algunos padres y madres criar a sus hijos, pero pongo muy en duda que este tipo de "juegos" puedan causar en un bebé algo más que miedo y preocupación.
¿A vosotros/as qué os parece?

martes, 22 de diciembre de 2015

Felices Fiestas con #ChirstmasVlogger

Hace un año publiqué un post navideño cargado de tristeza y soledad. Hoy en cambio publico esta entrada llena de alegría y optimismo. Muchas cosas han cambiado en mi vida en el último año.
2015 no ha sido un año fácil para mí y los míos, pero ya hace algunos meses que empecé la remontada y sigo p'arriba.
Aunque publico poco últimamente (por falta de tiempo, que no de ganas), hoy me uno a la iniciativa de Lydia de blog Historia de Pitufines (gracias Lydia por pensar en mí para este ciber-evento) y participo junto a mi hijo de 20 meses en este vídeo de felicitación navideña de mamás blogueras.

Podéis ver el vídeo en mi canal de YouTube, aquí.
También podéis compartirlo en las redes sociales con el hashtag #ChristmasVlogger y/o #ChristmasVlogger2015
Espero que os guste y que os echéis unas risas (por cierto, a mí y a Daniel nos veréis allá por el minuto 2'53'')
Os deseo mucha, mucha felicidad en estas fiestas, con mis mejores deseos para el 2016.
¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!!!

sábado, 12 de diciembre de 2015

¡Deja el móvil y cuida a tu hijo!

¿Alguien ha "padecido" esta frase alguna vez?
Yo sí.
Y es que resulta que soy una mujer muy ocupada. Además de ser madre de un bebé de 20 meses que es un torbellino, también trabajo, me encargo de la compra, de llevar mi casa con todo lo que ello conlleva (poner lavadoras, tender, recoger, fregar platos, hacer cenas, desayunos, bañar al peque, cambiarle los pañales, vestirlo, desvestirlo, dormilo, jugar con él, ducharnos juntos, ir al baño (también juntos), lavarnos los dientes), en fin, una larga lista de tareas, que muchas de vosotras repetís igual que yo diariamente. Y esto no es una queja. Es una descripción de la realidad.
Pero resulta que hay personas que no entienden o no se creen que realmente esté tan ocupada, y te sueltan lindezas del tipo "No tienes tiempo para nada, pero sí para colgar una foto en Instagram".
Pues mira, resulta que tengo tiempo para eso, que apenas me lleva unos segundos, igual que tengo tiempo para todo lo demás. Pero claro, lo demás se entiende como obligación y hay quien se cree que no somos merecedoras de un poco de tiempo de "ocio".
Si mi hijo, que no para quieto, como corresponde a un niño de su edad, comete alguna "trastada", la reprimenda o la falta de ella dependerá claramente de lo que yo esté haciendo en ese preciso instante. Que rompe algo mientras yo estoy cocinando, fregando platos, barriendo, tendiendo.... "Ay que ver este niño qué travieso".
Pero si lo hace justo en los diez segundo que estoy mirando mi móvil leyendo un mensaje de Whatsapp, Ah! Entonces tienes que escuchar "Si no estuvieras mirando el móvil tu hijo no destrozaría las cosas!".
Las licencias solo se conceden si estás atendiendo a tus obligaciones. Para lo demás, no hay tregua.
Decidme que no soy la única que alguna vez ha tenido que escuchar frases como éstas.
A mí me sacan de mis casillas. ¿Y a vosotras?


martes, 4 de agosto de 2015

Una mamá sola

Esta mañana mientras iba en el coche hacia el trabajo escuchando la radio me ha venido un sentimiento al pecho, acompañado de un nudo en la garganta y un aumento de humedad en los ojos (no recuerdo qué canción ponían y no sé si ésta habrá sido la causante de tal brote). Me he puesto a pensar en mí, en mi vida, en cómo estoy ahora. Tengo 40 años (y no creo que se trate de la depresión de los cuarenta), más bien creo que se trata de una realidad: Estoy sola.
Y ahora vendrá quien me diga eso de “No estás sola, tienes a tu hijo, a tu familia…”.
Pues sí, gracias a Dios, tengo todo eso, y tengo trabajo y amigas (aunque ahora estén lejos), pero estoy sola.
Y también vendrá quien me diga “tú te sientes sola, pero no lo estás”.
¡Claro que me siento sola! Si no no estaría escribiendo este post…
Tengo un niño de dieciséis meses, vivo con mis padres desde hace tres meses (esto es provisional, ya me falta poco para tener listo mi piso), me he mudado de la ciudad en la que he vivido los últimos siete años y en la que nació mi hijo porque me he separado de su padre, he dejado amistades y un barrio y un entorno que me encantan… Así que estoy pasando un duelo. Duelo por el fin de una relación. Duelo por dejar mi casa. Duelo por dejar una ciudad maravillosa con gente “mu perita” y con un clima privilegiado. Duelo por dejar a mis vecinos/as. Duelo por dejar mi coro. Porque sí, también tenemos que pasar el duelo por el apego a las cosas físicas o a las personas que dejamos a tantos kilómetros de distancia. Y seguramente también estaré pasando el duelo por mi anterior vida, la de antes de ser madre, que no era mejor ni peor, era diferente.
Y en todo este movimiento y desapego forzoso, menos mal que está mi familia, menos mal que tengo a mis padres y mis hermanos, menos mal que tengo trabajo, menos mal que tengo a mi niño que me tiene entretenidísima, menos mal que hay gente con quien hablar y reír, menos mal que soy fuerte.
Pero aún así, tengo mis momentos de bajón y tristeza. Porque estoy sola. Y a veces, triste. Y a veces culpable pot sentirme triste. Un rollo. Y es que quien pretenda creer que un hijo te llena todo en la vida, se equivoca. Un hijo llena mucho, muchísimo, pero hay huecos en la vida de una persona que es imposible que los llene un bebé. Y pretender que así sea, pretender que un hijo llene y complete todos los aspectos de la vida de una mujer adulta me parece que es echarle a un niño una carga emocional y una responsabilidad brutales y que no le corresponden.
Adoro a mi niño, estoy encantada de ser madre y lo vivo intensamente (sobre todo teniendo en cuenta que es algo que me costó conseguir y que he deseado toda mi vida). Esa parte la tengo cubierta. Pero otros aspectos de mi vida están vacíos, hay huecos, que seguramente se irán llenando, porque tengo buen ánimo y buena predisposición. Será cuestión de tiempo. Pero ahora, es así como me siento.
¿Habéis vivido una separación o cambio de ciudad después de ser madres/padres? ¿Cómo lo habéis llevado? Es normal sentir pena, ¿verdad?
Un saludo.

jueves, 16 de julio de 2015

Se hace camino al andar

Recordando esa maravillosa canción de mi admirado Serrat del poema de Antonio Machado, hoy os vengo a contar que Daniel ¡Camina! Seguro que much@s ya los sabréis por algunas fotos y videos que he publicado en redes de mi pequeñín dando sus primeros pasos, pero hoy quiero contaros cómo ha sido el proceso y cómo lo estamos viviendo.
Daniel empezó a gatear a los nueve meses como un proceso natural, no hizo falta estimularlo mucho para que lo consiguiera, y después de varias semanas evolucionando, por fin se lanzó al gateo que ha dominado y disfrutado, aunque se ha llevado algún "morrazo" que otro por querer correr más de lo que le daban los brazos.
Cumplido el año mostraba cada vez más interés en ponerse derecho y se agarraba a cualquier cosa (reitero, a cualquier cosa) para ponerse de pie. Como cualquier bebé, sus primeros pasos los dio mientras su papá o yo le agarrábamos de las manos.
Daniel cumplió los trece meses en Manresa, en casa de mis padres donde convivimos siete personas, con lo cual, y está lleno de estímulos y siempre hay una persona pendiente de él o dispuesta a reírle las gracias, entretenerlo y, como no, acompañarlo en sus andanzas.


Yo no tenía prisa porque Daniel empezase a andar, como en otras cosas, no lo quiero forzar y le dejo que vaya a su ritmo. Primero empezó lanzándose, literalmente, en distancias muy cortas, por ejemplo del sofá al mueble, de la silla a la chaislongue... Cada día esas distancias se iban haciendo más largas, y recorría medio salón o gran parte del pasillo, hasta que finalmente se soltó y empezó a recorrer toda la casa con soltura y manteniendo bien el equilibrio. Sin embargo, cuando salíamos a la calle no quería ir solo, cuando lo dejábamos en el suelo de pie empezaba a lanzar unos gemidos de miedo y se quedaba inmovilizado hasta que alguno de nosotros le ofrecíamos uno de nuestros dedos de la mano para que se agarrase. Por lo visto, en casa se sentía mucho más seguro, me imagino porque podía controlar mejor las distancias, en cambio en la calle perdía esa seguridad y sentía miedo.

Apenas unos días más le faltaron para soltarse del todo, y pasamos del necesitar un dedito para sentirse seguro a rechazar cualquier mano amiga que pretendiese sujetarlo. Del andar al correr pasamos en un suspiro. Y en esas estamos. Camina, corre, baja rampas, sube escaleras... Es bastante temerario, porque para él no existen los bordillos, todo lo hace en "llano" así que tenemos que tener mil ojos. Yo me paso el día caminando y corriendo detrás de él, pero aún así, no le he podido evitar unos cuantos chichones y caídas.
Me parece muy divertido verlo en sus andanzas, pero esto es un sin vivir!
Contadme ¿cómo y cuándo se lanzaron a andar vuestros peques?

miércoles, 10 de junio de 2015

Lactancia mixta y en diferido

Tanto en la portada de este blog como en mi biografía en redes sociales veréis escrito esto de la "lactancia mixta y en diferido". Hasta que no fui madre y me encontré con dificultades para lactar ni siquiera me había planteado estos términos. Para mí la lactancia era materna, dar teta, o por el contrario, dar el biberón. Pero como muchas cosas que he ido aprendiendo durante la crianza de mi hijo, en la maternidad nada es blanco o negro, no sirven los extremos (al menos en la mayoría de las cuestiones). Así pues, yo he vivido en mis carnes la fusión (palabra no solo vinculada a los estilos musicales y que personalmente me encanta), sino que también la he podido aplicar a mi forma de alimentar a Daniel. La mezcla, la variedad, para mí son enriquecedoras. Pero es ahora cuando me resulta más fácil decirlo y aceptarlo, ahora que veo a mi hijo como se desarrolla perfectamente, no así, si hubiese escrito este post un año atrás seguramente hubiese emergido inevitablemente mi frustración por no poder lactar de una forma "normal".
Escribo este post ahora y no entonces por dos motivos principalmente: el primero de ellos es que hasta ahora no me sentía preparada para explicar cómo fue mi lactancia, nuestra lactancia, porque como he comentado antes, hubiese sido muy visceral y no tenía la perspectiva del tiempo para poder hablar de ello de una forma más calmada. El segundo motivo es porque el pasado domingo mientras pasábamos el día en el campo con unos buenos amigos, me hicieron recordar porqué yo no pude lactar y cuántos fueron los factores que tuve en contra y he pensado que ya va siendo hora de explicarlo aquí.
Quienes sigáis este blog y hayáis leído cómo fue mi corto embarazo y mi parto inducido, ya os podréis hacer una idea de las dificultades obvias con las que me encontré. Para quienes queráis saber como fue podéis leerlo en mis posts Un embarazo de 34 semanas y El Parto que no soñé.
En resumen: al dar a luz en la semana 34 mis mamas no estaban lo suficientemente maduras, el parto por cesárea tampoco ayudó a la "subida" de la leche, estar 45 horas separada de mi hijo después del parto obviamente es la antítesis para poder iniciar una lactancia natural, estar medicada un mes antes y un mes y medio después del parto, pues tampoco ayudó, utilizar pezonera, un mal consejo (por lo menos para mí), un bebé prematuro con poca fuerza para succionar, poca ayuda o comprensión por parte del entorno, la inexperiencia....en fin, una larga lista de obstáculos. Y os aseguro que fueron muchos mis intentos por conseguir amamantar a mi hijo. Pedí ayuda, consejo, me informé. Pero no lo conseguí. 

Superar la frustración (si es que eso se llega a superar algún día) de que tu bebé rechace tu pezón, que no succione, que llore sin parar, que te dé patadas, y sentir que lo estás forzando a hacer algo que no quiere hacer, es de los peores sentimientos que he vivido como madre.
La lactancia de Daniel fue mixta porque ya desde su ingreso en neonatología lo alimentaron con leche de fórmula y eran pocas las ocasiones en las que yo le podía dar el pecho. Tengo que decir que durante sus dos primeros meses conseguí que algunas tomas del día las hiciera con ayuda de la pezonera, pero eran tomas tensas para ambos, donde se caía más leche de la que él tragaba. Según iban pasando los días, eran más las tomas de leche de fórmula con biberó  que las tomas de leche materna. Hacia los tres meses ya apenas se cogía al pecho, rechazaba totalmente la pezonera y podíamos estar quince minutos de reloj intentando que se agarrase al pezón. Entonces tomé la decisión de no ponérmelo más al pecho. Era absurdo insistir en algo que Daniel no quería y ocasionarle tal irritación. Así que me entregué cien por cien a la extracción con sacaleches. Cada vez obtenía menos cantidad de leche. Así que estuve hasta los cinco meses acumulando la leche extraída durante 24 horas y cada tarde le daba a mi bebé un biberón de "mi" leche como merienda (que le encantaba, era el biberón que mejor se tomaba).
Cuando estaba cerca de los cuatro meses, me vi muy animada a seguir con este tipo de lactancia, tuve un subidón de motivación, y me propuse llegar hasta los seis meses. Pero apenas unos días después, era tal mi agotamiento que ya no me veía con fuerzas, y entonces, cumplidos los cinco meses de Daniel, desistí y tomé una de las decisiones que más lágrimas que han hecho derramar hasta ahora: dejar de darle mi leche a mi hijo. 
Y no puedo evitarlo, todavía siento una punzadita cuando recuerdo aquellos tiempos, a pesar de lo duros que fueron para mí, al pensar que mi hijo no volvería a tomar mi leche.
Adoro y envidio a partes iguales a las mamás que amamantan a sus bebés, no puedo evitar que mis ojos se vayan hacia esos pechos llenos y esos bebés agarrados a su pezón. Lo envidio porque yo no lo tuve. No me avergüenza decirlo: ¡Mamás que dais teta, os envidio!
Sobre mi experiencia con el sacaleches podría dedicar otro post, y sobre el decidir lactar o dar biberón, otro. Así que le daré vueltas e igual me animo y os lo cuento.
Ahora, contadme, ¿cómo fue vuestra lacatancia, si la hubo? ¿Disteis pecho o biberón?
Un abrazo.

jueves, 4 de junio de 2015

La mejor madre del mundo

Seguro que os sonará de algo este título por un conocido libro, pero este post no es para hablaros de literatura, ni tampoco voy a hablar de mí. Voy a hablar de mi madre, para mí, la mejor madre y abuela del mundo.
Hace casi 14 meses cuando yo me estrené como madre y empecé a sentir y a vivir lo que significaba esta nueva identidad, también pude valorar con mayor conocimiento el trabajo que mi madre ha hecho durante la mayor parte de su vida: ayudar en la crianza de sus hermanos menores y sus sobrinas, criar a tres hijos con poca diferencia de edad (mi hermano y yo nos llevamos un año y veinte días, y a mi hermano pequeño le llevo dos años) y tener un papel importante en la crinza de su nieta de 7 años y ahora con su nieto más reciente, mi niño de un año.
Es cuando una misma es madre cuando puede valorar con mayor consciencia y justicia el trabajo y la labor del resto de madres, y, sobre todo, el de la propia. Ella es, sin ningún lugar a dudas, el pilar y el motor de nuestra casa. Ella es el hogar.
Una de las cosas que más valoro es su respeto hacia mi estilo de crianza. Así como otras personas de mi entorno se lanzan a opinar sobre cómo crío o educo a Daniel, sobre cómo lo alimento, sobre el colecho, etc. Ella nunca lo hace. Ella observa y respeta mis decisiones. No me dice si esto está bien o mal, o que deje de hacer algo para hacerlo de otra forma. Ella está ahí. Para mí, es mi mejor apoyo y la persona en la que confío al cien por cien, porque, consciente o inconscientemente, ella es una abuela que cría con apego.
Son muchas las cosas que mi madre ha hecho por mí y conmigo durante mis cuarenta años de existencia. Pero, para no alargarme mucho, mencionaré una de las más recientes: cuando enfermé por preeclampsia en la semana 33 de embarazo y me ingresaron de urgencia, ella cogió un AVE y se plantó en Málaga (desde Manresa) al día siguiente. Se quedó con nosotros los días que estuve ingresada previos al parto y los posteriores (en total fueron 13 días). Gracias a ella, que se recorrió calles y tiendas de Málaga sin apenas conocer la ciudad, mi niño tuvo bodies de talla 0 para prematuros, pijamas, ropita, sábanas... Hasta acompañó a mi marido en la compra del cochecito. Se encargó de la comida y de ordenar la casa, y tras el alta, siguió cuidándonos a los dos, perdiendo muchas horas de sueño,


pero disfrutando de su nieto a cada instante (tengo que decir que yo no me atrevía a bañar a Daniel, me daba miedo hacerle daño, lo veía tan pequeño, delgado, frágil,... y ella fue la encargada de bañarlo durante el tiempo que estuvo con nosotros).

Como me vió tan afectada por todo lo que supuso mi parto, mi enfermedad, el verme sobrepasada por las circunstancias y con un bebé prematuro, siguió con nosotros varias semanas más. En total fueron ocho semanas las que estuvo fuera de su casa, sacrificando su trabajo (mi madre, como autónoma, si no trabaja no cobra) y dejando su casa en Manresa durante dos meses. 
Ahora, un año después, me he trasladado a vivir a Manresa de nuevo, mi ciudad natal, por varios motivos. Y a pesar de que no estamos viviendo en casa los mejores momentos de nuestras vidas, mi madre sigue ahí, luchando cada día como una jabata, y tirando del carro aunque esté agotada. 
Para mí, mi madre es la mejor madre y abuela del mundo. Y me gusta pensar que para el resto de hijos/as, sus madres son las mejores del mundo. Nuestra madre es la que nos ha tocado o la que hemos elegido. En cualquier caso, es la persona que mejor nos cuidará y nos respetará.
Por eso, yo siempre le estaré agradecida, ¡qué menos! Por mí y por mi hijo, que estuvo y está muy bien atendido, cuidado, y mimado. Por eso intento darle muestras de cariño a diario: me gusta besarla, acariciale el pelo o echarle el brazo por encima del hombro mientras caminamos por la calle. Es orgullo de hija. 
A lo mejor os preguntáis a qué viene este post en junio, cuando podría haber aprovechado el día de la madre para hacerle un homenaje, ¿verdad? 
Buenos, pues es que hoy es un día muy especial, porque hoy mi madre cumple 62 años. Y se merece esto y más.
Desde aquí: ¡Feliz cumpleaños!
Te quiero mucho mama. Te queremos mucho yaya.
Mil besos.

martes, 7 de abril de 2015

Feliz primer cumpleaños, Daniel

Querido Daniel, hoy se cumple un año de tu llegada al mundo. Fue antes de lo previsto y, a pesar de las dificultades del momento y de las primeras semanas, hemos salido adelante juntos, y me parece increíble que hayan pasado ya doce meses. 
Hoy , que cumples un año, quiero darte las gracias:

1. Gracias por ser fuerte. Tu 1,940Kg y tus 47 cm te hacían parecer débil y delicado, pero eras y eres fuerte y te desarrollas normalmente. Gracias porque en mi debilidad y mi congoja de aquel parto que no soñé, tú mostraste la fortaleza que a mí me faltaba, te adaptaste a las circunstancia, a la soledad de tus primeras horas de vida, a nuestra separación, a mis miedos y mi angustia.  Ahora soy más fuerte que hace un año y poco a poco lo voy superando.



2. Gracias por llorar tanto y tan seguido al principio, porque, aunque en aquellos momentos me abrumaba la desesperación de no conseguir calmarte, día a día fui aprendiendo a conocerte, y a ver en tus ojos el miedo que pudiste sentir cuando te sacaron de mi vientre tan pronto. Aprendí a consolarte y a consolarme a mí también. 


3. Gracias por dejar que te amamantara. No fue la lactancia que me hubiese gustado, no fue "normal", pero conseguí pasar de la frustración a la determinación de darte mi leche, aunque para ello tuviese que estar continuamente "pegada al sacaleches". La dureza y el cansancio de aquellos cinco meses me parecen un logro, y ahora lo veo como algo especial. Me encanta darte tus biberones, tenerte sobre mi pecho, acariciarte mientras te lo tomas, siempre me ha gustado darte el biberón como si te diera el pecho, lo disfruto mucho, aunque tú ya hace tiempo que lo agarras solito y te lo puedes tomar sentado, pero yo quiero seguir dándotelos así.

4. Gracias por crecer tan bien. A pesar de tu prematuridad y de que me desesperaba porque llegaras a los 3kg, a partir de los cuatro meses fuiste ganando en peso y talla, y a los seis ya no se notaba que eres prematuro. Pero, hijo, no hace falta que corras tanto, que ya te pasas de la media para tu edad, que has cogido carrerilla! Y como saques un 49 de pie como tu padre, nos arruinas!!




5. Gracias por aceptar la alimentación complementaria con tanta naturalidad, por no rechazar ningún alimento y por ponerle intención y voluntad en mi empeño por conseguir la introducción de sólidos. Nuestra BLW va lenta pero avanzando, y es muy divertido ver como poco a poco vas cogiendo destreza llevándote los alimentos a la boca. Me siento orgullosa de ti. Pero por favor, hijo, ¡mastica! Qué menudos sustos me das con eso de engullir sin masticar.




6. Gracias por dormir. Superados los 3 meses empezaste a dormir muy bien, sobre todo por las noches. Y así sigues, con tu cabezadita mañanera, tu siesta de dos horas por la tarde y tus once horas de sueño durante la noche. Gracias por compartir la cama conmigo en nuestro particular colecho, y por dormir en tu cuna cuando mi dolorida espalda necesita descansar. Y gracias por esas pedazo de siestas que nos echamos juntos.


7. Gracias por ser tan guapo. Que a lo mejor no está bien que yo lo diga, pero es que eres bonito. Y además, simpático, que ¡anda que no te gusta ná llamar la atención de la gente para que te digan cositas y tú repartir sonrisas! Y con lo que te gusta hablar, que si papá, mamá, nené, tatá, tili tili tili y otras onomatopeyas, pedorretas y grititos, difícil es que alguien no se te acerque a echarte un piropo. ¡Guasón! Y ahora le vas enseñando a todo el mundo con tu dedito que cumples un añito, ¡si es que estás pa comerte!


8. Gracias por gatear. Un logro más. Otras cosas no han ido como a mí me habrían gustado o como había imaginado, pero con el gateo estás hecho un crack, lo haces muy bien, pero corres mucho (más de un morrazo te has dado contra el suelo porque te han fallado las manos). Aunque ahora todo tu afán se centra en estar de pie y desplazarte agarrado, ya mismo te lanzarás a caminar!



9. Gracias por compartir conmigo la música y el cante. Ya "venías" conmigo a mis ensayos y actuaciones con el coro durante el embarazo, y sigues viniendo ahora. ¡Qué bien te lo pasas! Cantando, tocando las palmas, riendo... Mis compañeras te adoran y eres uno más del grupo. Espero que el gusto por la músca te acompañe siempre (para eso también está el tito César que te toca las palmas y el cajón). Yo, por mi parte, seguiré cantándote (incluso cuando paseamos por la calle y la gente me mira raro).




10. Gracias por ponerte malito y llevarlo tan bien. Tu primer resfriado llegó a los siete meses acompañado de una bronquiolitis y seguido de un proceso viral que te puso a más de 39º de fiebre. Aún así, no se te notaba en el ánimo. Y cuando echaste ocho dientes seguidos entre los 6 y los 9 meses, te quejaste poco, aunque yo sufrí varias crisis de ansiedad porque en aquellos días dormías poco (es que me tienes muy bien acostumbrada!).



11. Gracias por viajar conmigo. Siete viajes de ida y vuelta Málaga-Manresa antes de cumplir tu primer año. ¡Qué bien te portas en el tren! A pesar de las casi cinco horas de trayecto, nunca lloras, te echas tus sueñecitos (a veces), te conformas con el porteo a pesar de que te pueden las ganas de tirarte al suelo, y además haces amigos, o amigas, porque te encanta charlotear con las pasajeras. 

12. Y, sobre todo, gracias por convertirme en madre, por los ratos de risas y juegos que nos echamos juntos, por acurrucarte en mi pecho, por querer estar en mis brazos, por dejar que te portee y te coma a besos, por hacerme reír, por emocionarme, por aguantar mis sombras y mi tristeza, por entender los cambios tan importantes que estamos viviendo en estos momentos y por ser un niño sano y feliz. Gracias por elegirme como tu mamá. Te quiero mucho, hijo.


Feliz primer cumpleaños, Daniel.



jueves, 5 de marzo de 2015

No le dé de comer a mi bebé, por favor

Hace 4 meses publiqué un post titulado "No me grites, por favor" en el que os explicaba, entre otras cosas, como una mujer le había alzado la voz a mi bebé, que por aquel entonces tenía 6 meses, para que se callara. Una perla, vamos.
Bien, hoy os quiero hablar de algo que también me molesta que hagan con mi bebé y, sobre todo, que lo hagan cuando yo he dicho que no: darle algo de comer.
Mi hijo, que pasado mañana cumplirá 11 meses, está aprendiendo a comer sólidos. Para quienes conocéis y/o practicáis la BLW (Baby-Led Weaning) pensaréis que vamos un poco lentos, y es verdad, pero como ya se ha dicho muchas veces, cada bebé tiene su ritmo. El caso es que mi niño todavía no se maneja muy bien con los sólidos y se suele atragantar, así que siempre que le doy de comer estoy muy pendiente de él, no lo pierdo de vista, y practicamos a diario. Tengo que decir que lleva unos días dando pasos de gigante en este aspecto y me sorprenden sus avances.
Bueno, pues, a lo que iba: no quiero que nadie le dé de comer a mi hijo. (Entiéndase, no me refiero a su comida habitual, que lo mismo se la doy yo, que su padre, que la abuela o la canguro cuando ha sido necesario). Seguro que os ha pasado más de una vez que una vecina, amiga, la abuela, una tía... le da de comer a vuestros hijos cualquier cosa (muy típio en Navidades querer darle turrón a un bebé ("Pero si es del blando!") o chocolate, por ejemplo), sin vuestro consentimiento.
Yo, rápidamente pongo cara de perro mosqueado, y digo "¡No, no le des de comer eso!", aunque a veces es necesario repetirlo, dar explicaciones, y volver a poner cara de perro a punto de morder, para que alguien obedezca mi petición.
El pasado sábado viajé, una vez más, en AVE de Málaga a Manresa y viví la siguiente situación: En la estación de Córdoba subió un matrimonio, ella con cara de malá follá de la que no tardó en hacer gala en cuanto se dió cuenta de que en el portaequipajes superior no cabían sus maletas porque esta ocupado por "mis cosas" (la sillita del cochecito, la estructura del cochechito, la canastilla, una bolsa con comida y mi chaquetón...): "Aquí no cabe nada, la gente tendría que respetar su sitio". Que digo yo, dónde pretendía que yo metiera mis trastos, y si tiene queja del poco espacio que hay disponible en los trenes, que le ponga una reclamación a Renfe, ¡a mí qué me cuenta!
Durante las siguientes 3 horas y 40 minutos que compartimos trayecto una enfrente de la otra apenas me dirigió la mirada, ni a mí ni a mi niño que llevaba colgado a mi pecho en mi portabebés. En cuanto se anunció por megafonía la estación de mi destino, me levanté con mi niño a cuestas, lo quité de mi mochila y lo senté en el grupo 0, para poder bajar todos los trastos del portaequipajes y montar el cochechito, todo esto sin perder a mi hijo de vista y sujetando como podía la sillita para que no se cayera. Y cuál fue mi sorpresa, cuando una de estas veces que miro a mi niño lo veo con un pedazo de pan en la mano que se llevaba a la boca. Un trozo del bocadillo de atún que la señora se estaba comiendo. "Señora, mi hijo todavía no come atún, no se lo dé por favor". 
"Ah, pues espera, que le doy un trozo que no tenga atún".
"No hace falta, en cuanto nos bajemos le daré de comer".

Sigo colocando mis cosas con la ayuda de un pasajero, y cuando vuelvo a mirar a mi hijo lo veo metiéndose un pedazo de pan en la boca: "Señora, perdone, no le dé pan, que el niño todavía no controla los sólidos y se puede atragantar, y ahora no tengo tiempo de estar pendiente de eso". Y continúo con mi trajín de montar el cochecito y colocar todo sin dejarme nada. Y la señora, ¿qué creéis que estaba haciendo?, efectivamente, ¡seguía dándole el pan a mi niño!. Suerte tuvo que el marido ya se dio cuenta de que me estaba molestando y le dijo "¡Niña, ¿no te ha dicho que no le des?!", porque estuvo al canto de un duro de sufrir en sus carnes mi mala leche, que de buena gana le hubiese quitado el trozo de pan a mi niño de la boca y se lo hubiese lanzado encima de la mesa. Porque tengo educación, más que ella, pero no la conocía de nada y me hubiese quedado tan ancha.
Vamos a ver si se enteran todas esas personas que tienen la manía de darle de comer a los hijos de los demás, y muchas veces en ocasiones bastante inoportunas. ¡Esténse quietas, coño!, jopeta! Que a mi niño le doy de comer yo, que sé qué y cuándo tiene que comer!
¿Alguien me puede explicar por qué la gente tiene esa mala costumbre? ¿Por qué no me ofreció el trozo de pan a mí? ¿Por qué creen que los niños siempre están dispuestos a comer lo que les den, como si fuesen perrillos o palomas del parque?
¿Os ha pasado alguna vez algo así? ¿Cómo habéis reaccionado?

Un abrazo.

lunes, 26 de enero de 2015

Bebé anorak

Como algunos/as sabréis vivo en Málaga, ciudad y provincia caracterizada por su buen clima y bien denominada la Costa del Sol. En los más de seis años que llevo viviendo en esta preciosa ciudad, hay algo que me ha quedado muy claro: los veranos son muy calurosos (ojito cuando sufrimos el Terral) y los inviernos son cortos y suaves, al contrario de lo que sucede en mi ciudad natal, Manresa, en el corazón de Catalunya, donde los inviernos son tristes, largos y fríos de cohone que te pelas.
Y si algo he aprendido también con respecto al frío, es que el malagueño lo soporta bastante mal (obvio, no están acostumbrados), por eso cuando bajan las temperaturas a 5 ó 6ºC como sucedió esta semana pasada, poco más que se creen que han sido teletransportados a Suecia.


¿Y por qué hago esta introducción? Pues bien, ante todo que quede claro que si hace frío hay que abrigarse (¡de cajón!) pero si tenemos la suerte de vivir en un lugar con unas temperaturas tan agradables en invierno, pues no hace falta pasarnos con el abrigo y sobre todo, no creo que sea necesario sobreabrigar a nuestros bebés. He visto mamás que llevaban a sus hijos abrigados como esquimales, metidos en un saco dentro del cochecito y además con el cobertor o burbuja de plástico con una temperatura casi primaveral. ¡Por favor, que se te va a cocer el niño!



Y lo digo yo que soy friolera de las que duermen con camiseta de algodón y calcetines de lana, que si tengo que salir a la calle con gorro, bufanda y guantes, voy fantástica, pero oño que si no hace frío, no hace, por mucho que algunos quieran creer que nuestro invierno es como el de Islandia.


Con la idea de escribir este post, me he puesto a buscar información sobre el tema. He encontrado un montón de posts y publicaciones al respecto (basta con poner en Google "bebé sobreabrigado"), informando que el "sobreabrigo" puede ser perjudicial para nuestros bebés (que si puede causar estreñimiento, dermatitis, alergias...). De los que he leído, me quedo con un post de Bebés y más, porque como es lógico, le pone sentido común y lo explica muy bien y muy clarito, 100x100 de acuerdo (podéis leerlo aquí).
Pero en esta entrada que hoy publico, me vais a permitir que aplique un poquito de humor. Ayer, mientras me tomaba un chocolate con churros a las siete de la tarde sentada en una terraza de una cafetería malagueña (¡sí, sí, estaba en la calle de noche y con mi bebé, esto es lo bueno de vivir en Málaga!!), me puse a pensar:

"Si una mamá va abrigada solo con un abrigo, sin bufanda, ni guantes, ni gorro, porque hace una tarde muy agradable... ¿por qué lleva a su hijo tapado como una momia, con un anorak que parece el muñeco de Michelin sin poder moverse, además lo mete dentro de un saco y pa colmo le pone el plástico, si no llueve ni hace viento ni ná?".

Y en un arranque de imaginación chorras, visualicé a esa mujer tapada hasta las cejas, con bufanda y manoplas y con un plástico a modo de capuchón encima cubriéndola mientras camina por la calle. Me entró la risa floja con la tontá.

Y resulta, como no, que Google también te muestra publicaciones e imágenes jocosas al respecto, que se cachondean de las mamás primerizas, porque además de nuestras abuelas, somo quienes más pecamos de sobreabrigar a nuestros hijos. ¡Qué le vamos a hacer! Somos carnes de cañón por nuestro afán de protección.

En la revista El Jueves, hace ya unos años publicaron un estudio (nada serio, por supuesto) que revelaba el verdadero significado de algunas palabras en lengua inuit (la de los esquimales), como anorak que en realidad significa "niño sobreabrigado por su madre".

Y ahora confesad ¿vosotras sois de las que sobreabrigáis a vuestros hijos? ;-)

Espero haber aportado un poquito de humor a este inicio de semana.
Un abrazo.


domingo, 18 de enero de 2015

Mi bebé y sus maneras de dormir

En los nueve meses que ha cumplido mi niño son muchos los cambios que vamos viendo y experimentando juntos. Hay uno de ellos que tiene que ver con el sueño de mi bebé y cómo ha ido evolucionando para pasar de quedarse plácidamente dormido en mis brazos a preferir dormirse gateando. ¡Sí, sí,! mi niño, que en todo este tiempo no ha querido estar boca abajo, ahora se pone a cuatro patas, hinca la cabeza en el colchón y así se queda frito:



Cada vez es menos frecuente que se me duerma en brazos, normalmente cuando ya está cansado y somnoliento a la hora de la siesta o por la noche y siempre en posición vertical (como cuando lo porteo), nada de tumbarlo y acunarlo. 

En esas pocas ocasiones lo disfruto muchísimo, porque lo echo de menos y porque soy consciente de que cada vez serán más escasas. 
¡Ay qué tiempos aquellos cuando se quedaba sopa pegadito a mi pecho!

Sin ir más lejos, esta semana, en uno de esos momentos mientras lo sostenía, le comenté a su papá: 

"Esto es lo mejor del mundo mundial: cuando mi hijo se entrega al sueño confiando en mis brazos que lo sujetan"

Eso, y su cara de angelito, me derriten.

Algunas curiosidades sobre la manera de dormir de Daniel también han ido evolucionando. Por ejemplo, desde recién nacido le ha gustado tener algo que le tocase la cara. Normalmente utilizábamos un peluche y falta de éste, también valían sus propias manos o las nuestras.







Ahora, prefiere meter su cara entre mi cuello y mi barbilla, o hundirla en la almohada. La cuestión es que parece que le sigue gustando esconder su carita, tal vez le recuerde a cuando estaba en mi vientre encajado y por eso le relaja esa pequeña presión en la frente y los ojos.

Sin ir más lejos, hoy hemos ido en bus al centro y lo llevaba en la mochila portabebés, sabía que tenía sueño y no tardaría en "caer".  A una señora que iba sentada a nuestro lado le ha hecho gracia cómo Daniel intentaba meter su cara entre mi pecho y mi axila: "¡Míralo, cómo busca su cueva para dormirse!". 

En cuanto a la postura, de recién nacido dormía hacia un lado o hacia el otro y hecho un "coquito" (véase la foto de la izquierda, y su muñequito que no falte).

Según fueron transcurriendo los meses y él empezó a tener más control sobre su cuerpo, en la mayoría de ocasiones se colocaba boca arriba, brazos en posición de "¡arriba las manos!" y la cabeza ladeada. 
Una vez le pregunté a su pediatra si esta era una postura correcta para dormir, y me contestó que era estupenda y sobre todo si era en la qué él se sentía cómodo. ¿Cómo lo veis? Yo creo que está muy cómodo, verdad?
Sigue durmiendo en esa postura (a la que yo llamo "la ranita") la mayor parte del tiempo. 
Al principio utilizó chupete, pero alrededor de los cinco meses empezó a rechazarlo. El control y dominio de llevarse sus dedos a la boca reemplazaron al caucho, unos deditos de bebé son mucho más sabrosos, ¡dónde va a parar!



A lo largo de estos meses también nos ha deleitado con algunas posturas merecedoras de instantáneas y de un buen nombre.


Aquí tenemos El Faraón:


El churro, media manga, manga entera:






El Bonaparte:




El Santito:



y el un, dos, tres, al escondite inglés:




Y vuestros bebés ¿Qué rarezas tienen a la hora de dormir?

Te propongo un reto: sube una foto de tu bebé durmiendo en alguna posición graciosa o poco común y compártela en las redes (twitter, facebook, instagram...) con el hashtag #manerasdedormir. Incluso si te apetece, publica un post en tu blog para mostrarnos a tu angelito felizmente dormido. ¿Te apuntas?

Un abrazo.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Felices Fiestas

Otros años para estas fechas he decorado discretamente mi casa: unas velas rojas, un pascuero y un par de figuritas navideñas. Este año, ni eso. Aunque deberían ser unas Navidades especiales porque son las primeras que viviré con mi hijo, sólo tienen eso de especial, por lo demás, no se presentan muy alegres en lo personal. De hecho no ha merecido la pena adornar mi casa porque voy a pasar estos días fuera, junto a mi familia en Manresa (publico este post desde el AVE). Aún así, hace unos días pensé que en un futuro me gustaría guardar un bonito recuerdo de estas primeras Navidades como mamá y llevé a mi niño para que le hicieran una sesión fotográfica y poder tener unas postales que he repartido entre mis seres queridos.
Tengo que decir que a Daniel no le costó nada estarse quietecito ni echarnos unas risas (¡mi niño es muy bueno!), a pesar de que ese día estaba pachuco y esa misma tarde acabamos en urgencias del hospital materno-infantil porque se puso a 39,2º de fiebre (ya está recuperado :D)

Y este es el resultado:



Daniel y yo (Yolanda) os deseamos mucha felicidad y alegría para estas fiestas y que se cumplan todos vuestros deseos.

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!


Un abrazo.

P.D.: ¿Os ha tocado algo en la lotería?

sábado, 1 de noviembre de 2014

¡Déjame dormir, mamá!

Hace un par de meses leí en twitter que una madre había dejado dormir a sus hijos con la ropa sucia de haber jugado y manchada de chocolate, y que se sentía mal por ello. Otra mamá le contestó que su abuela decía: ”Si están dormidos, déjalos como están!”, y algo sabría la mujer cuando había criado a siete hijos.




Como madre primeriza e inexperta, a menudo he despertado a mi hijo, sin querer, por cambiarle el pañal de madrugada para que estuviera seco y cómodo, por insistir en que hiciera el eruptito después del biberón de la noche, por colocarlo bien en la cama porque me parecía que estaba en una posición incómoda o muy destapado… Yo lo hacía con la mejor intención, está claro, pero luego me sentía mal por haberlo despertado, sobre todo cuando rompía a llorar!

Tras leer aquel tuit, pensé “¡claro! Si está tan dormido es que está perfectamente”. Desde entonces lo dejo dormir esté como esté, hasta el punto que en el último mes han sido varios los días en que se ha saltado una toma porque estaba dormido (feliz y plácidamente dormido) y no lo he despertado para que comiera. La primera vez que no comió por seguir durmiendo me preocupé y me asusté, pensando que algo malo le podría pasar (cabe decir en mi defensa que al ser un bebé prematuro, al principio sí tenía que darle su toma regularmente, más o menos cada tres horas, hasta que cogió un poco de peso), pero cuando se despertó repartiendo sonrisas, moviéndose enérgicamente y sin un ápice de estar pasándolo mal, me relajé.

Y para muestra… Ayer mismo, lo dejé un rato en el parque jugando mientras yo preparaba el biberón y cuando entré al cuarto, estaba grogui!! Le eché la toquilla por encima para que no se enfriase, y listo!





 
Pero es que, dos horas después, seguía dormido (había cambiado de posición, eso sí).








Cuando se despertó, después de casi tres horas, le dimos su merienda y tan feliz.

El pasado sábado ocurrió algo parecido. Se durmió poco antes de la hora de la cena mientras volvíamos a casa en coche, pensé que se despertaría al subirlo a casa, pero siguió dormido; entonces pensé que se despertaría al sacarlo del cochecito, pero tampoco. Lo puse en la cuna y lo dejé allí dormido con la ropa de la calle. ¡Se saltó el baño y la cena! Durante un buen rato no supe qué hacer. Me acosté pero no me podía dormir. Finalmente le di un biberón mientras él seguía dormido, eran las tres de la madrugada. Entonces me acosté y pude dormir tranquila.

¿Os ha pasado algo así? Me imagino que sí, muchas veces, ¿verdad?



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